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Las autenticas escorts sólo están hechas  para la vida de los caballeros

Las autenticas escorts sólo están hechas para la vida de los caballeros

La expresión de varios valores “placer caro” se adapta perfectamente a la descripción de un servicio de acompañantes de élite. Por un lado es un placer celestial, que le da un contacto con la parte representante más brillantes de la mitad de la humanidad, la capacidad de sorprender, cautivar, enamorarse y hacer que se haga la luz de la locura. Por otra parte, es literalmente un servicio caro.

No simples mortales o dioses del Olympus, descenderá del cielo, sólo si realmente se lo merece y es capaz de evaluar correctamente su belleza divina.

No sólo para evaluar, sino también para pagar, porque no es ningún secreto que el más caro del mundo es la verdadera belleza. Manifestando las mejores obras de la naturaleza, las mujeres de élite no sólo necesitan la adoración o reverencia, sino también un marco caro.

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Escort- una gran oportunidad para satisfacer sus deseos y, si se quiere, la ambición. Digno – para l los digno, el mejor – para los mejores.

Su imagen de un hombre de éxito y respetable, por supuesto, reforzara junto a usted jóvenes doncellas, bestia atractiva, toda una dama, los atletas con una formas intelectuales o seductoras todo depende de sus gustos, preferencias y necesidades …. Facilidad de servicios de compañía es que ya no hay que buscar una chica de apoyo, ideal para visitar  eventos sociales, fiestas, yates, una sauna etc…

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¿Eres un celoso patológico?

¿Eres un celoso patológico?

Todos sabemos que los celos, esos malditos celos, son una emoción que dice mucho del tipo de personalidad de la persona que los padece. La falta de seguridad en uno mismo y la baja estima que se pueda tener, unidos a la creencia de que se puede ser dueño o poseer a otra persona, suelen formar parte de las características típicas de las personas celosas o del celoso patológico.

También sabemos que hay quienes disfrutan o se sienten realizados provocando o dando celos, y es que los celos, cuando hay motivos no son celos, eso es una traición, aunque la infidelidad no se haya llegado a consumar.

Si eres una persona posesiva con tu pareja, si desconfías de esta sin motivos aparentes, o controlas su comportamiento o manera de vestir, si espías lo que hace, le preguntas constantemente donde está y con quien, o te disgusta que hable con personas de su trabajo o del sexo opuesto, cuidado, tus celos pueden ser patológico y corres el peligro de perder el control, agobiar a tu pareja y deteriorar la relación.

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Los celos te pueden hacer sufrir mucho y acabar con tu relación de pareja. Busca las manera de enfrentar tu problema, empezando a reconocer que eres realmente un celoso patológico.

Si tu pareja dice cosas buenas de otra persona que no seas tú, aunque no te guste intenta callarte y no le des más importancia de la que tiene.

Si tu pareja decide salir sola con sus amistades, intenta hacer otro plan para no aburrirte.
Cuando otra persona mira a tu pareja o te enteras que le gusta, aunque no es algo que te agrade, debes de entender que al igual que te gusta a ti a otros puede gustarle. Jamás sientas miedo, ni inseguro de ti.

Valórate siempre a ti mismo, tu seguridad, firmeza y amor por tu pareja es la clave para evitar convertirte en un celoso patológico. En la mayoría de los casos son tus propios celos los que impulsan a que tu pareja haga lo que precisamente evitas pero de la manera equivocada. Evita ser un celoso patológico, esto es incompatible con una relación sana.

¿Cuales son los factores del deseo sexual?

¿Cuales son los factores del deseo sexual?

En realidad, la fantasía es el motor principal del deseo sexual, mientras más imaginación, mientras más fantasees y más pensamientos excitantes tengas, más y mejor es nuestra libido. Es correcto afirmar que el deseo sexual aparece solo, únicamente con conocer a alguien y enamorarse es suficiente, pero,
¿cuanto tiempo puede durar? muy distinto es mantener ese deseo durante mucho tiempo, una pareja de novios, un matrimonio con años a sus espaldas de casados, es tarea difícil pero no imposible, no basta con imaginarnos relaciones sexuales siempre, si no acordarse de viejos momentos, rememorar hazañas pasadas o preparar situaciones de gozo mutuo.

Por otra parte, encontramos tres factores que pueden desencadenar en todo lo contrario, inhibir el deseo, los cuales son, la monotonía, caer siempre en la misma rutina, es algo que la mayoría de parejas no puede evitar por situaciones laborales o familiares y que acaba desencadenando una pérdida importante de la excitación o deseo sexual entre pareja. Otro factor, que puede hacer perder la libido en pareja es la falta de planificación conjunta, es decir no hace planes juntos o en común, algo muy visible en nuestra sociedad. La mujer va por un lado y el hombre va por otro, no hay discusiones y todos contentos, pero ojo! luego que nadie se queje si la falta de deseo aflora en la pareja.

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El hombre concibe el deseo de forma distinta a la mujer, también de manera más rápida e independiente a la mujer. Por otra parte el hombre, asocia muchas veces el éxito al matrimonio con las veces que mantiene relaciones, es decir, su relación funciona si X veces a la semana tiene sexo con su pareja, si no fuera así, seguramente para el hombre, la relación no funciona.
Las mujeres por lo contrario, buscan un clima de estabilidad y pareja, es decir cuando la mujer concibe que la relación es estable, que la vida en pareja funciona, seguramente su libido será mayor y tendrá más ganas o estará más activa sexualmente.

La recomendación que proponemos es fácil y sencilla, cuida el deseo, cuida a tu pareja, no te tomes el sexo como algo obligatorio, es algo natural, no hay que forzar ni obsesionarse simplemente trabajarlo y mimarlo. Tampoco esperes que el deseo te encuentre sino se tu quien vaya en su búsqueda.

Sexo gratis 2

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Podemos considerar el sexo gratis como una metáfora de una vida exitosa ya que tiene muchos nexos de unión. Si quieres tener sexo gratis con muchas y bonitas mujeres, no cabe otra que ser un hombre de éxito o bien tener la suerte de ser genéticamente perfecto, pero creo que ese no es tu caso. Por lo tanto, para tener éxito con las mujeres tienes que tener éxito contigo mismo primero. Si no te cuidas, si no te conservas, si no te nutres de conocimientos, amigo mío, estás perdido.

Ellas no buscarán alguien que no les aporte absolutamente nada en sus vidas para tener sexo gratis, ellas buscarán una película que vivir, algo que les haga salir de sus rutinas diarias, ellas buscan ese mítico macho alpha que las haga sentir cuidadas, protegidas y entretenidas con una vida placentera y cómoda. De lo contrario, a la larga o no tan larga todo serán problemas, incompatibilidad e infinidad de historias que repercutirán obviamente, en el sexo, y por consiguiente hará que estés igual que hoy, queriendo tener sexo gratis y buscando la manera de tenerlo.

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Por otro lado está la otra manera, la posibilidad de tener sexo gratis con uno mismo, pero bueno, no creo que sea lo que te interesa ni que te refieras a sexo gratis como el mero hecho de masturbarse.

Por lo tanto amigo si buscas sexo gratis, si no quieres pagar por tener sexo con una profesional, ojo, es una gran manera de tener sexo y probablemente la mejor, ya sabes lo que toca, mentalizarse, hacerse fuerte, creer en uno mismo y salir a comerse el mundo, previamente mejorado tus puntos débiles y haciendo pequeños pero fuertes pasos hacia el éxito, personal y por lo tanto hacia el éxito sexual, para de esa manera poder tener el tan ansiado sexo gratis.

Sexo gratis

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¿ A qué nos referimos cuando hablamos de sexo gratis ? Para empezar si hablamos de gratis es que estamos refiriéndonos a un valor económico. Pues siento desanimarte amigo pero la única manera de tener sexo gratis sin contar con la pareja, es la masturbación. Si quieres tener sexo gratis, puedes hacer dos cosas, la primera y más recomendable es echarte una novia, una pareja o amiga con derecho a roce.

Saca tu culo del sofá, de la silla del escritorio y muévete, conoce gente, sal de marcha, cuídate, tanto mental como físicamente, lee libros, culturízate para poder impresionar, dar temas de conversación o simplemente para entretener a tu proyecto de pareja, para que consigas el objetivo de tener sexo gratis.

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Si tienes más de treinta años y eres virgen o no has tenido sexo el número de veces que a ti te complacería, es que algo estás haciendo mal, no le eches la culpa a otros factures ni a nadie, no pienses que tienes mala suerte, que todo te sucede a ti, no te obsesiones con el sexo gratis, todo llega, y todo tiene su ciclo.

Empieza pensando que estás haciendo mal, que puedes cambiar para solucionarlo, para que no sigas pensando en tener sexo gratis sino en tener una compañera para tener sexo gratis. Esa es la clave a tu búsqueda, la que te solucionará esa inquietud, la que te hará más feliz, la que si sigues un buen ritmo de progresión y ascenso personal en tu vida te dará todo el sexo gratis que quieras y más.

Señora durante el día y puta por la noche 2

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Pero, a partir de ese primer experimento práctico, decidieron ir poniéndose nuevos retos y una de ellas hizo una pregunta que supondría un antes y un después: «¿Habéis estado alguna vez en un SexShop?». Algunas de ellas sí, concretamente para conseguir artículos para despedidas de soltera, pero poco más. Y organizaron una excursión grupal a uno de ellos. Lo siguiente fue un show de striptease, compras de lencería provocativa, y «lo más difícil, poner en práctica con nuestras parejas lo que estábamos aprendiendo en los libros».

Me confesaron que, para la mayoría, el sexo era una expresión del amor que sentían por sus parejas, pero que jamás se lo habían planteado como una actividad que podía ser realmente divertida para ambos sin que, por ello, el amor pasara a un segundo plano. «Cuando llevas más de diez años con el mismo hombre y tienes hijos, y una hipoteca, y un montón de responsabilidades, si no haces algo para impedirlo, el sexo acaba volviéndose aburrido. Pero la necesidad y las ganas no desparecen». Incluso, algunas de ellas descubrieron que muchos de los problemas de pareja que habían tenido no habrían ocurrido si no hubieran «caído en la monotonía en la cama».

Lo más sorprendente para ellas, según me dijeron, fue descubrir que sus parejas habían querido probar muchas de las cosas que después ellas les propusieron «pero no lo decían porque pensaban que los rechazaríamos. O nos escandalizaríamos», me aclaró, riendo, una de ellas. «Y nosotras, simplemente, teníamos vergüenza o, peor, no conocíamos muchas de esas cosas». Al final, los escandalizados fueron ellos cuando sus mujeres, un buen día, dejando a un lado la vergüenza y el pudor, les invitaron a jugar. «Claro, que la vergüenza duró poco y ahora ellos están más que contentos con el resultado», bromea otra de las chicas, mientras se sirve un café.

La anfitriona del encuentro me aclara que: «Ninguna de nosotras tiene los mismos gustos. Ni falta que hace. Esto no se trata de que por obligación haya que probar de todo, sino, más bien, de que cada cuál haga lo quiera, pero que, al menos, sepa qué puede querer o no y por qué. Algunas nos sentimos cómodas investigando nuevos juegos y posibilidades y otras sólo reinventando lo que ya conocíamos. Lo que no podía ser es que, de entre las presentes, ninguna hubiera disfrutado jamás de hacer una felación a su pareja, sino que lo hubiera padecido, como si fuera un castigo. O que descartáramos ciertas prácticas sin haberlas probado sólo por prejuicios o porque pensábamos que sería doloroso y no obtendríamos placer en ello».

Me confesaron que, la mayoría, jamás había probado hasta entonces un juguete sexual, ni solas ni con sus parejas, y que, para ellas, el sexo se limitaba a dos posturas y con pocos preliminares «tú arriba, tú abajo». No sólo eso, de entre ellas, la mayoría nunca había visto una película porno, o, como mucho, había visto algunas escenas.

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«Claramente nos estábamos perdiendo algo. Y eso es un problema, además de una estupidez. Pero, peor que eso, es que nuestras parejas deseaban ese algo y no se atrevían a decirlo», explica una de ellas mientras hojea una de las novelas que están sobre la mesa. «¿Sabes eso de que una mujer debe ser una señora todo el día y una puta en la cama? Pues la conclusión a la que he llegado es que es cierto. Y, peor, si no te atreves a conocerte a ti misma, disfrutar del sexo abiertamente y hacer que tu pareja también disfrute, por más amor que haya, seguramente él acabará yendo a buscar eso que desea en cualquier otro lugar, a poder ser, dónde no tenga vergüenza o no le importe decir qué es eso que quiere y que a ti no se atreve a pedirte».

Salí de la reunión felizmente sorprendida. Para mí que ese grupo de mujeres compartieran conmigo sus experiencias fue todo un descubrimiento, ya no como periodista o escritora, sino como mujer. ¿Cuántas mujeres puede haber actualmente en una situación similar a la que ellas describen? ¿Cuántas se atreverán a explorar abiertamente su sexualidad? Y otro pensamiento rondaba constantemente por mi cabeza. Si existe la prostitución es porque realmente existe una demanda, pero, cuánto debe esa demanda a los tabúes aún hoy presentes en nuestra sociedad y cuántos de ellos tienen una solución tan simple como la que han encontrado estas mujeres.

Señora durante el día y puta por la noche

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Hace algunas semanas tuve el honor de ser invitada a un encuentro de amigas de, según ellas mismas dicen, «la nueva liberación sexual femenina». La reunión, que contó con más de veinte asistentes, era ni más ni menos que una merienda en casa de una de las mujeres que conforman el grupo y que se reúnen mensualmente para hablar abiertamente de sexo y compartir sus experiencias. Dicho así, que fue básicamente como a mí me lo contaron cuando me invitaron a asistir, puede sonar un tanto extraño, e incluso frívolo, pero, después de hablar con ellas, comprendí muchísimo mejor a qué se refieren con eso de «la nueva liberación sexual femenina».

Todo comenzó, según me contaron, de forma casual y gracias a la literatura. Una de ellas tropezó con una novela romántica erótica y, según me explicó, «cuando me di cuenta de qué iba el libro estuve tentada de dejarlo, pero me pudo la curiosidad. Me gustó tanto que tuve que recomendárselo a mis amigas y, desde entonces, empezamos a leer ese tipo de libros y sin que nos diéramos cuenta, cuando quedábamos para vernos, nuestra conversación siempre acababa tratando de las novelas que estábamos leyendo». Y todo esto, por si alguien se lo pregunta, sucedió mucho antes de que la literatura romántica erótica se convirtiera en una suerte de boom editorial. Es más, sucedió con títulos que, sin ser nada del otro mundo en cuanto a las escenas que contienen, dejan a los famosísimos libros «de los que hablan todas las mujeres» a la altura de cuentos para niños.

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Lo más interesante de esto, no obstante, no fue que un grupo de amigas, en principio reducido, descubrieran un nuevo género literario que les apasionaba. No. Lo realmente interesante fue que, a raíz de sus lecturas, comenzaron, primero en privado, a preguntarse sobre su sexualidad, y, después entre ellas a compartir sus dudas. «Todas teníamos la sensación de que nos estábamos perdiendo algo, ya sabes, que el sexo podía ser mucho más divertido y mejor de lo que nosotras conocíamos. Pero ninguna se atrevía a decirlo en voz alta». Hasta que una de ellas lo hizo, y, las demás, la siguieron. Sus charlas sobre literatura acabaron convirtiéndose en algo similar a una terapia de grupo sobre sexo

«No somos adolescentes despistadas. Todas nosotras somos madres, y la más joven del grupo ya ha cumplido los treinta hace varias primaveras. Estamos casadas, o separadas, o conviviendo con nuestras parejas… Todas hemos tenido múltiples relaciones y, hasta hace poco, creíamos que sabíamos todo lo que teníamos que saber, que disfrutábamos de todo lo que teníamos que disfrutar. ¡Pero nos equivocábamos!».

Las recomendaciones de libros entre amigas, siguieron, y nuevas lectoras inquietas fueron uniéndose al grupo, que iba creciendo mientras sus conversaciones pasaban cada vez más de lo literario a lo personal, preguntándose a ellas mismas si alguna vez habían experimentado las cosas que veían reflejadas en las páginas de los libros. «La primera gran revelación sobre lo realmente despistadas que estábamos llegó el día que descubrimos que la mayoría de nosotras no se masturbaba, ya fuera por pudor o por no disfrutarlo. Nos pusimos como deberes intentarlo de nuevo y compartir la experiencia. Fue un verdadero fracaso», me explicaba una de ellas. «¿Cómo se supone que puedes encontrar un momento para ello entre los críos, el trabajo, la compra, y un marido que no sabes que te traes entre manos?», añadió de inmediato otra de las mujeres.

Escorts maduras. Prostitución de la tercera edad 2

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Y no creáis que solo acceden a sus servicios hombres canosos y de cierta edad, ni mucho menos. También acceden a estos servicios jovencitos de entre 20 y 30 años que buscan en el sexo de estas mujeres una relación mucho más familiar.

Lo que nos hace pensar qué tipo de relación tenían con sus abuelas estos muchachos:“Ven aquí nieto mío que te dé la paga y de lo tuyo” En realidad lo que buscan es cierto afecto y cariño, además del placer sexual que da la experiencia, los años y una dentadura postiza quitada a tiempo.

Estas mujeres se encuentran con cierta incomprensión en el mundo que les rodea. Principalmente porque el sexo se asocia a la juventud y no a la vejez. La cuestión no es si estas mujeres se prostituyen o no, sino qué sistema social les ha llevado a esta situación.

Aunque las hay que disfrutan con lo que hacen: ganan su dinero y siguen dándose placer. Recordad: a veces hasta te tocan el culo en el súper…

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Escorts maduras. Prostitución de la tercera edad

El fenómeno de las Escorts/ Putas maduras está inundando internet. Hay quien cree que llegado a cierta edad las mujeres mayores pierden totalmente la libido. Que a partir de la menopausia no existe el sexo y que su flor se marchita. Oh. Nada más lejos de la realidad, ¿o no os ha tirado los trastos alguna vez una señora? O tocado el culo disimuladamente en algún pasillo estrecho del supermercado. Lo hacen, en serio, pasan la mano como el que no quiere la cosa y PAM. Y diles algo, que se hacen las locas.

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Pues llevado al extremo las hay que terminan haciéndose escorts. Fíjate tú. Resulta que hay mercado y a cierto tipo de personas les gustan las mujeres maduritas. Bueno, maduras. Mujeres de más de 60 años, incluso alguna de más de 80, que se dedican en cuerpo y alma – más en cuerpo que en alma – a dar placer carnal a todo aquel que pague sus servicios.

Es lo que muestra el documental llamado “Mi abuelita escort” que nos enseña en su metraje como muchas señoras de más de 60 años deciden dedicarse a la prostitución principalmente para poder comer. Comer comida. Que hay que especificar. Sus pagas son exiguas, así́ que encuentran en este tipo de actividad la solución a sus problemas y un complemento extra al dinero que perciben como pensión: la llamada penesión.

Masajes eróticos, un complemento ideal

Generalmente, cuando una pareja comienza a tener relaciones sexuales, todo es nuevo y fascinante. Por contrapartida al fulgor sexual, aún no se tiene una relación larga y la confianza quizás no es todo lo buena que se podría desear. Sin embargo, no se le da mucha importancia a las pequeñas trabas que puedan surgir. Puede más la pasión y el deslumbrante brillo de lo nuevo.

En esta etapa las personas se dejan llevar, hacen locuras y permiten que sus instintos ganen la batalla a otros sentimientos. Y no es que esto sea incorrecto, ni mucho menos. De algún modo, hay que aprovechar la fogosidad del inicio porque después se va calmando la cosa. Lo que ocurre es que hay momentos en los que se da un sexo un tanto “egoísta”. No se conocen bien los gustos del otro, no hay quizás tanta confianza para hablarlo y se dejan pasar cosas que podrían hacer esas relaciones aún más placenteras.

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Por estas razones, incluso en medio de esta tormenta de hormonas desatadas y novedades que resultan tan atractivas porque aún son lo contrario a lo habitual y rutinario, es bueno tomarse un momento para frenar y respirar.

Para conocer al otro y crear un vínculo que vaya más allá de la atracción física al más puro instinto animal. Dedicar unos minutos a observar reacciones, a jugar con caricias o a descubrir zonas erógenas, quizás hagan que esa pasión se multiplique aún más si cabe.